Extraído y utilizado desde hace 7000 años, el lapislázuli es una de las rocas más apreciadas, tanto en mineralogía como en joyería y en litoterapia. Su historia milenaria es fascinante, y sus múltiples poderes y virtudes lo convierten en una piedra de mil y una riquezas. En este nuevo artículo, vamos a descubrir la hermosa «piedra de azur»…
Joyas y objetos de lapislázuli
Propiedades mineralógicas
El lapislázuli es una roca metamórfica de composición muy variable que se forma con mayor frecuencia en la caliza. Está constituido principalmente por lazurita (del 25 al 40 %), que le confiere su color azul profundo, entre el azur y el ultramar.
El lapislázuli está típicamente salpicado de vetas de pirita que a veces se han confundido con polvo de oro. Otros minerales pueden entrar en su composición, en primer lugar la calcita y la sodalita, pero también la augita, la mica o incluso la haüyna.
La lazurita presente en la piedra muestra una simetría cúbica. Esta forma de cristales en dodecaedro cúbico puede alcanzar hasta 5 cm de diámetro, pero las piezas puras y de forma geométrica (como en la foto contigua) siguen siendo muy raras.
Aunque tenga la apariencia de una piedra dura, el lapislázuli presenta una dureza relativamente baja, de 5,5 a 6. Se le encuentra una exfoliación perfecta, así como un índice de refracción que se eleva a 1,5. Variando según el contenido en polvo de pirita, la piedra tiene una densidad que va de 2,7 a 2,9.
El lapislázuli es una piedra opaca de brillo mate, que obtiene su valor de la intensidad y el predominio de su color azul. Cuantas más vetas de calcita blanca o esquirlas de pirita contiene, menos valor tiene.
Los lapislázuli más raros y hermosos se encuentran en Afganistán, en particular en la provincia de Badakhshan, donde la piedra se extrae desde hace miles de años. Los de menor valor provienen generalmente de Rusia, de la región del lago Baikal y de Siberia. Los yacimientos de Chile, situados en Ovalle, extraen por su parte una variedad más pálida de la piedra (señalemos de paso que el lapislázuli es la «piedra nacional» del país).
Etimología y significado de la palabra «lapislázuli»
El nombre de la piedra se compone de las palabras latinas «lapis» (que significa «piedra») y «lazuli» (que significa «de azur»). El término lazuli proviene del persa lâdjaward, a su vez derivado del sánscrito «raja farta», que significa «porción de rey» (y que indica el valor casi sagrado atribuido a este mineral). El término persa se convirtió en lazul en árabe, luego en lazulum en latín. Literalmente, el lapislázuli es, pues, «la piedra de azur».

Pero la piedra ha llevado diversos nombres a lo largo de los milenios. En la Antigüedad, no era raro que se la confundiera con otra piedra azul: el zafiro. Fue por ejemplo el caso de Plinio el Viejo, autor romano del siglo I, pero también de Teofrasto en el siglo III a. C. y de Georgius Agricola en el siglo XV. Estos últimos describieron la piedra como un zafiro con manchas doradas, que no dejaba de recordarles un cielo tachonado de estrellas.
En su introducción en Europa, a partir del siglo V después de Cristo, se la designó también con el nombre de ultramarinum. Este término latino, que se traduce como «ultramar», hacía entonces referencia a la lejana procedencia del mineral, de más allá de los mares. Es este nombre el que se dio al pigmento (utilizado en pintura) fabricado a partir del lapislázuli.
El lapislázuli en la historia
Una multitud de sitios arqueológicos indican un uso muy antiguo del lapislázuli. Este se remonta al menos hasta el neolítico (séptimo milenio antes de Cristo). Se lo encuentra en forma de cuentas, colgantes, dagas, adornos y amuletos. Fue evidentemente objeto de una vasta red comercial, entre Afganistán, el Valle del Indo, Mesopotamia y Egipto.

Para las civilizaciones antiguas del Próximo Oriente y de Egipto, el lapislázuli era la verdadera piedra preciosa, más apreciada que el oro mismo. Aunque hoy en día esté relegada al rango de piedra semipreciosa, no es exagerado decir, al igual que Michèle Casanova, que el lugar que ocupaba entonces es el del diamante en las sociedades modernas.
El lapislázuli está en el apogeo de su valor simbólico y físico durante la Edad del Bronce, a mediados del tercer milenio. Los sumerios lo llaman «la piedra de las piedras» y sitúan el palacio de su «Gran diosa» bajo una montaña de lapislázuli. Su azul ultramar salpicado de estrellas doradas evoca la bóveda celeste y sus poderes sobrenaturales. Se encuentran soberbios artefactos de lapislázuli que datan de esta época, en particular en las tumbas del Cementerio Real de Ur en Irak, en Mari y en el Palacio Real de Ebla en Siria. Es la piedra de las élites, de los príncipes y de los dioses.
Se lo emplea entonces para crear una multitud de objetos suntuosos (estatuillas de animales, sellos, amuletos, etc.) y se le atribuyen virtudes poderosas. Sería capaz de repeler las fuerzas del mal y simboliza la perfección. Es en este marco donde, en el tercer y segundo milenio, se difunde en el Próximo Oriente y en Egipto la idea según la cual «poseer una parcela de lapislázuli es poseer una parcela de lo divino.»

El lapislázuli es, por ello mismo, el símbolo del poder, espiritual y político. Es a la vez la «piedra de los dioses», en particular de la diosa egipcia Isis, y la «piedra de los Faraones». Estos últimos la labraban de mil maneras (amuletos, escarabajos, adornos…) y la utilizaban, entre otras cosas, para hacer los ojos de sus estatuas y estatuillas. El museo del Louvre de París expone, por ejemplo, la estatua de Ebih-II, cuyas pupilas fueron incrustadas de lapislázuli. La máscara funeraria de Tutankamón está también incrustada de lapislázuli, a la altura de las cejas.
En la Antigüedad grecorromana, el lapislázuli no ocupa un lugar verdaderamente destacado. Los romanos le atribuyen virtudes afrodisíacas y lo utilizan como antídoto contra las picaduras de serpiente. Además de eso, se lo muele y se lo utiliza como cosmético. Es este uso de la piedra el que, por otra parte, se desarrollará posteriormente, en la Europa de la Edad Media.
A partir de 1400, el lapislázuli sirve, en efecto, sobre todo para fabricar un pigmento utilizado en pintura: el azul ultramar. Es este pigmento el que se empleará, por ejemplo, para realizar el cielo de la Capilla Sixtina en Roma.
Es extremadamente caro, pero permanecerá en uso corriente entre los pintores hasta el siglo XIX, fecha a partir de la cual es reemplazado por un pigmento sintético.
Todavía disponible hoy en día, los precios de este ultramar natural o «ultramar verdadero» pueden alcanzar los 20 000 € por kilo, en función de su calidad y de su procedencia.
Uso del lapislázuli en litoterapia
El lapislázuli cristalizado es una piedra muy poderosa, pero sigue siendo bastante rara y, por consiguiente, relativamente cara. Para obtener los mejores resultados, dé preferencia a una piedra que tenga un color azul ultramar intenso y reflejos de pirita frente a otra más clara y de vetas blancas.
Virtudes del lapislázuli contra los males físicos
A nivel físico, el lapislázuli es una piedra de equilibrio, de apaciguamiento, de regulación y de reparación. En la Edad Media, la piedra era reputada por su acción rejuvenecedora sobre el cuerpo. Se decía de ella que permitía mantener miembros sanos.

Es una piedra beneficiosa a numerosos niveles. Ayuda en distintos tipos de trastornos de la vista mejorando el buen funcionamiento de los ojos y actúa particularmente sobre la visión nocturna. Su acción energética permite ayudar a combatir ciertas alergias. También se recomienda para bajar la fiebre.
Es muy eficaz para tratar los riñones, ya que regula el nivel de agua en el cuerpo. Sus propiedades medicinales se manifiestan en particular a nivel de la vejiga, del sistema digestivo, de la boca y del estómago. Calma los vómitos, alivia las menstruaciones dolorosas y mantiene las glándulas endocrinas. Pero eso no es todo…
Afecciones de la piel
El lapislázuli está especialmente recomendado en caso de picadura de insecto o de erupción cutánea. El efecto calmante de su azul frío permite reducir el dolor y ayuda a reabsorber las inflamaciones. También se aconseja en caso de quemadura. Puede utilizarlo para masajear y aliviar la parte afectada. De manera general, fortalece la piel y ayuda a luchar contra las enfermedades que afectan a este órgano (alergias, eczema, etc.).
Cabello y uñas
Es a partir del chakra base (o chakra raíz) que el lapislázuli trabaja sobre la aceleración del recrecimiento capilar y el de las uñas. También ayuda a solucionar los problemas de caspa y permite tener un cabello hermoso. Puede utilizar un elixir de lapislázuli con este fin.
Garganta y sistema respiratorio
Colocado a la altura del chakra de la garganta, el lapislázuli es particularmente beneficioso para esta región del cuerpo. Desempeña un papel en el refuerzo de los pulmones, fortalece la garganta, activa el funcionamiento del timo y aporta ayuda en las enfermedades de la faringe.
La piedra es conocida por detener la tos y los estornudos. Reabsorbe en particular las inflamaciones de las amígdalas y de la zona situada entre la garganta y la parte superior de los pulmones (los bronquios, la faringe, etc.). Es una piedra recomendada para los asmáticos.
Hipertensión arterial
El lapislázuli fortalece y regulariza la presión sanguínea. Es beneficioso para las personas que sufren de hipertensión arterial. Sin embargo, es todo menos una ventaja para quienes tienen hipotensión. A estas últimas se les aconseja no llevar la piedra ni conservarla en sus habitaciones durante el sueño.
Migrañas y dolores de cabeza
El lapislázuli es reputado por su capacidad de apaciguar los dolores de cabeza. Puede aprovechar su acción curativa proveyéndose de un canto rodado y aplicándolo sobre las zonas doloridas de la cabeza o de las cervicales. Para prevenir la reaparición de la migraña, duerma con una piedra de lapislázuli bajo la almohada durante algunos días.

Oído y acúfenos
Se recomienda el lapislázuli como una piedra beneficiosa para el sistema auditivo. Ayuda en caso de pérdida de audición. Para las personas que sufren de acúfenos, se aconseja masajear la zona de los oídos con un lapislázuli, con el fin de reducir el volumen y la intensidad de los silbidos o ruidos fantasma.
Virtudes psíquicas y psicológicas del lapislázuli
En el plano psicológico y espiritual, el lapislázuli eleva el alma y estabiliza la mente. Es una piedra que aporta la sabiduría, la confianza en uno mismo, la intuición y la expresión creativa. Ayuda a la introspección, a la disciplina interior y permite ser a la vez más vigoroso, más concentrado y más sereno.
Símbolo de la protección, el lapislázuli ayuda a atravesar los momentos y las situaciones difíciles. Es capaz de reavivar el coraje de su poseedor, de liberarlo de sus angustias y de aliviar su estrés. El lapislázuli extingue la ira, aporta la paz y la serenidad, y permite afrontar la verdad con objetividad y claridad.
Elevación espiritual y expresión creativa
La apariencia del lapislázuli revela físicamente su poder celeste. Nos permite fundirnos en la bóveda estrellada para comprender mejor nuestra posición en el universo. La piedra desempeña por ello un papel en la mejora de la finura de espíritu y la estimulación de la expresión creativa. Al ser un excelente diagnosticador de carencias, también ayuda en la corrección de las debilidades a nivel psíquico y psicológico.
Coraje y confianza en uno mismo
El lapislázuli es la piedra más adecuada para las personas tímidas, introvertidas y reservadas, ya que realza la confianza en uno mismo a través de la aceptación de la propia persona. Al ser el símbolo de una personalidad fuerte y de la esperanza, da coraje a las personas que desean seguir adelante y superar sus límites. También moldea el humor y la agudeza. Es la piedra ideal en todos los ámbitos relativos a la comunicación.
Memoria de los sueños y sueños lúcidos
El lapislázuli, en tanto que piedra que favorece la visión interior, facilita también la memoria de los sueños, su interpretación, y la aparición de los sueños lúcidos.
Depresión y ansiedad
El lapislázuli ayuda a armonizar los distintos planos físicos, psicológicos y espirituales. Previene los desequilibrios que pueden provocar el malestar y la aparición de estados depresivos. Ayuda a superar la depresión y a desprenderse de la ansiedad y de los miedos antiguos.
Apertura del tercer ojo
A veces se recomienda llevar el lapislázuli a modo de ferronnière en el centro de la frente, ya que abre el tercer ojo y estimula la visión interior, la intuición y las facultades superiores de la mente. El lapislázuli tiene la reputación de activar la clarividencia y de favorecer las búsquedas radiestésicas. Se trata de una piedra apta para conectar el yo superior con la guía divina y para facilitar la meditación.

Piedra del amor y de la amistad
Conocida como una piedra que aporta el buen humor, el lapislázuli mejora las relaciones humanas. Acerca a las personas y crea un aura de alegría compartida y de ternura alrededor de su poseedor. Ayuda a reparar los conflictos y a empujar a la gente hacia la franqueza y la honestidad. Esta piedra azul es también reputada por influir en la fidelización, ya que fortalece los lazos existentes entre dos amantes.
Purificación y recarga del lapislázuli
Como todos los minerales de sanación, el lapislázuli necesita ser purificado y recargado regularmente para continuar aportándole sus beneficios. He aquí algunos consejos para llevar a buen término estas etapas de purificación y de recarga de sus «piedras de azur».
La limpieza de su piedra le permite deshacerse de las energías negativas potencialmente absorbidas mientras la utilizaba. Esta acumulación puede producirse tanto cuando lleva la piedra como cuando la coloca sobre usted durante una sesión de litoterapia.
Para purificar su lapislázuli y liberarlo de esta energía acumulada, sumérjalo en un gran recipiente de agua y déjelo en remojo durante toda una noche. Simple agua del grifo será perfectamente adecuada; si no, utilice agua destilada. Procure que el recipiente esté hecho de un material natural, preferentemente el vidrio, y no de plástico. Tenga cuidado de no utilizar nunca ni sal ni agua salada. Esto tendría como efecto dañar la piedra.
Para recargar su piedra, puede simplemente colocar su lapislázuli a la luz natural. No obstante, procure evitar una exposición prolongada a la luz solar. La luz lunar es la más recomendada.
También puede recargar su lapislázuli gracias a un cúmulo de cuarzo. Para ello, colóquelo dentro de una geoda de amatista. Este método, muy respetuoso con la piedra, presenta además la ventaja de purificarla y recargarla al mismo tiempo.






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