Su bonito nombre, chispeante y suave a la vez, le va a la perfección a este cristal portador de luz y sosiego. El color amarillo del citrino natural presenta todos los matices: claros, anaranjados o incluso ocre pardo, como el citrino color madeira, muy apreciado antaño.
Ciertas prácticas intentan dar su apariencia a otros cristales más frecuentes, como el cuarzo ahumado o la amatista. Estos cristales, al calentarse, adquieren entonces una tonalidad amarillo parduzca característica, pero sin poseer la limpidez de los citrinos auténticos. Para evitar estas malas sorpresas, o simplemente por gusto, hoy en día se prefieren los citrinos claros.
Al citrino se le atribuyen a veces apodos que hacen creer que estaría emparentado con el topacio: «falso topacio, cuarzo topacio, topacio occidental…». El topacio es un corindón y no tiene nada en común con el citrino, salvo el color. Este último se clasifica, en efecto, dentro de la gran familia de los cuarzos cristalinos. El muy raro citrino es fuente de luz y de felicidad apacible.
Joyas y objetos de citrino
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Etimología y significado de la palabra “Citrino”
Su nombre proviene del latín «citrus», que designa, no exactamente el limón, otro derivado, sino el cidro, que produce igualmente cítricos amarillos. El término procedería del griego kédros, “cedro”, y designaba también la madera de la tuya (que a su vez recibe en ocasiones el nombre de «cedro», especialmente en Canadá).
Hoy encontramos la raíz latina citrus en las palabras limón, limonero, citronela, pero también en calabaza (citrouille) y en citraire (antiguo nombre de la melisa, que da una infusión amarilla).
Antes de ser el nombre de un mineral concreto, citrino y citrina eran adjetivos de color. Así, en viejas obras médicas, se encuentran las indicaciones de la “pomada citrina” o del “ungüento citrino”.
En tiempos antiguos, nuestro citrino se designaba simplemente como una «piedra citrina» entre otros minerales de color amarillo. Esta imprecisión es fuente de confusión y vuelve arriesgada la identificación de los citrinos, de los que se encuentran numerosas huellas a lo largo de la historia. Sea como fuere, el raro cuarzo amarillo conocido hoy con el nombre de citrino se ha utilizado desde la noche de los tiempos por su belleza y sus propiedades.
Características mineralógicas del citrino
Estos son los principales criterios del citrino tal como los define la cristalografía:
- Grupo: Silicato (grupo químico más representado)
- Subgrupo: Tectosilicato (estructura tetraédrica de ángulos protegidos)
- Sistema cristalino: Hexagonal / triclínico
- Composición: SiO2
- Facies: Prismático
- Fractura: Concoidea
- Brillo: Vítreo
- Raya o huella: Incolora
- Densidad: 2,7
- Dureza: 7/10 en la escala de F. Mohs
- Transparencia: Translúcido a casi opaco
- Refracción: 1,54 – 1,55
Dentro del mismo subgrupo de los tectosilicatos figuran también, entre otros: el cristal de roca, la amatista, la calcedonia, la aventurina, la cornalina, el ónice, la sardónice, el ágata, el jaspe y el ópalo.

El citrino está compuesto de dióxido de silicio y de pequeñas cantidades de óxido de hierro hidratado que le confieren su color amarillo. A menudo se presenta en los mismos yacimientos que su pariente cercana, la amatista, pero en cantidad mucho menor. Hoy, el citrino nos llega principalmente de Brasil, aunque también se encuentra en África (Madagascar, Namibia), en América (Argentina, EE. UU.), en Asia (Birmania, India, Rusia) y en Europa (Escocia, España, Francia).
El citrino en la historia antigua
El citrino está presente en la historia de la humanidad desde hace milenios. Pero a veces la duda es legítima en cuanto a su identificación en los textos.
En el Antiguo Testamento, por ejemplo, un texto describe con precisión las gemas del pectoral de Aarón (tomo 10 del Éxodo). Son doce, como las doce tribus de Israel, pero las interpretaciones y las traducciones difieren respecto a la piedra de la cuarta hilera del collar: ¡a veces se la llama berilo, a veces citrino!
En el antiguo Egipto, los grandes sacerdotes y sacerdotisas practican de hecho la litoterapia. Los colores de las piedras tienen un fuerte poder simbólico y determinan sus usos terapéuticos. El color amarillo de los grabados se obtiene con óxido de hierro procedente de las montañas; los citrinos se encuentran también allí, cerca de Asuán y de Abu Simbel. El citrino y el ágata se emplean habitualmente contra el veneno de las serpientes. A los citrinos se les reconocen virtudes apaciguadoras, y las sacerdotisas egipcias los llevan como prevención frente a los celos.
Estos magníficos cuarzos dorados sosiegan también a la diosa Sekhmet con cabeza de leona, temible hija de Ra, el dios Sol. Diosa agresiva y colérica, tiene el poder de desencadenar enfermedades, y los citrinos le aportan la paz y el don de curar. Sekhmet la malvada se transforma entonces en Bastet, con cabeza de gato, la dulce protectora de los hogares felices.

En Grecia, Aristóteles enseña los primeros fundamentos de la mineralogía científica. En el ámbito de las artes y la artesanía, los griegos utilizan de preferencia las piedras y cristales de colores y privilegian aquellos que pueden grabar y esculpir. El citrino se encuentra, por tanto, con frecuencia en esta civilización.
La mitología griega está poblada de dioses y de criaturas diversas, más o menos simpáticas, y el citrino se asociará esta vez a un héroe dotado de todas las cualidades: Quirón, hijo del dios Cronos. Este buen centauro es médico y excelente preceptor; cuenta entre sus alumnos con Aquiles y con Asclepio, futuro dios grecorromano de la medicina.
Quirón conoce todos los secretos de la naturaleza, de los animales, de las plantas y, sin duda, del mundo mineral. A través de él se reúnen todos los poderes del citrino: la curación, el bienestar, la facultad de aprender, de enseñar y de memorizar. El centauro que simboliza el signo astrológico de Sagitario se asocia generalmente con Quirón.
Los romanos conocían y utilizaban igualmente el citrino. Como los griegos, los joyeros y los artistas lo apreciaban mucho por su color generoso y por su capacidad de ser tallado. Se asocia al dios Apolo, dios de la luz, de la armonía, de la medicina y de la música. Las mismas virtudes y las mismas competencias atribuidas al citrino se reencuentran así en las distintas civilizaciones de la antigüedad.
El citrino en la historia moderna
En el siglo XVI, Georg Bauer, llamado Agrícola, sabio alemán, recopila y profundiza los conocimientos mineralógicos y gemológicos de su tiempo. Quizá fue él quien fijó definitivamente el nombre de «citrino» al citrino que nos ocupa. Antes de él, la confusión aún reinaba; así, en el inventario de los bienes del Duque de Berry de 1416 se menciona «un zafiro citrino cuadrado» y también «un zafiro citrino con forma de ojo», adquirido a un joyero por 23 escudos de oro. ¿Zafiros amarillos o citrinos? Nadie lo sabe.
En 1536, otro inventario concierne a los bienes del personaje más poderoso del Renacimiento: Carlos V. El emperador posee (¡entre otros!) «una cruz de oro plana en forma de anillo guarnecida con cinco grandes piedras de citrino». Más cerca de nosotros, los citrinos, símbolos de alegría de vivir y de dinamismo, se ponen muy de moda durante el reinado de Carlos X. Este entusiasmo aporta una nota vivificante a la atmósfera sombría del momento, pues este rey no era ni muy alegre ni muy activo.

Otra testa coronada célebre, la reina Victoria, ama los citrinos con pasión. Los yacimientos de la isla de Arran, en Escocia, producen los magníficos citrinos emblemáticos de los atuendos escoceses. Se llevan de todas las maneras, a menudo engastados en dagas o, con mayor frecuencia, montados en broches de plata. Estos «Kilt Pins» se componen tradicionalmente de un gran citrino rodeado de pequeñas piedras mates y de colores.
Se celebran grandes bailes escoceses en Balmoral cuando Victoria pasa allí temporadas. Los invitados visten el tartán de su clan y lo sujetan al hombro con este broche. ¡La reina está encantada de contemplar los bellos cristales amarillos rebosantes de luz!
René Lalique, el célebre maestro vidriero y joyero, pensará quizás en aquellas hermosas veladas escocesas al realizar en 1910, al gusto del Art Déco, un célebre broche cuadrado adornado con citrinos cuadrados. El deslumbrante citrino, mensajero de felicidad y de prosperidad, ilumina todavía los aderezos y las coronas de las casas reales, en particular las de Luxemburgo y de Tailandia.
Virtudes del citrino en litoterapia
El citrino nos cautiva ante todo por su color alegre y tónico. Aporta de entrada el bienestar de los hermosos días soleados. El amarillo representa la luz y la vida; ese color nos atrae inconscientemente. Es un fenómeno constatado sobre todo por los departamentos de marketing: una oferta publicitaria impresa en papel amarillo generará una respuesta superior a la de cualquier otro color. Sin embargo, pocas personas a las que se pregunte por su color preferido responderán espontáneamente «el amarillo».
Existen distintas maneras de trabajar con el citrino. Puedes colocarlo cerca de ti para contemplarlo en el silencio de la meditación, sostenerlo en tus manos, llevarlo encima o junto a tu oído para «escucharlo», como se hace con una caracola. Lo importante es establecer el contacto que te resulte grato. ¿Tus citrinos están montados en joyas? ¡Entonces llévalos puestos! Si trabajas con tus chakras, colocarás el citrino sobre el punto del plexo solar, en la parte baja del esternón.
Los beneficios del citrino a nivel físico
El citrino es beneficioso para todo el sistema digestivo. Posee una acción positiva sobre toda clase de afecciones: náuseas, vómitos, acidez de estómago, intoxicaciones alimentarias, diabetes, ictericia y desarreglos del hígado.
Su acción benéfica alcanza igualmente al corazón, a la circulación sanguínea, a la glándula tiroides, al páncreas, al intestino y a los riñones. Fortalece el metabolismo y confiere energía y vigor al cuerpo. El citrino también es reputado por su capacidad de regenerar los tejidos. Acelera los procesos naturales de autocuración (aun a riesgo de aumentar momentáneamente los síntomas).

Los beneficios del citrino en el plano emocional
El citrino es una piedra solar, luminosa y cálida, extremadamente positiva y energizante. Aumenta la confianza en uno mismo y la autoestima, favorece el bienestar y reduce el estrés. Es reputado por su capacidad de equilibrar las energías y de combatir la depresión y la tristeza, las angustias y las inquietudes.
El citrino aporta lucidez a quienes carecen de ella. Posee un efecto calmante capaz de apaciguar los enfados y los desacuerdos. Por último, favorece la escucha, la apertura y la serenidad en las relaciones con los demás.
Los beneficios del citrino en la vida cotidiana
El citrino estimula la creatividad y aporta inspiración. Refuerza la concentración y constituye una excelente piedra para el creador. Favorece la comprensión, el estudio, la memoria, y facilita la transmisión del saber.

El citrino refuerza el dinamismo y la motivación. Ayuda en la toma de decisiones y en la iniciativa. Fortalece la individualidad, insensibiliza frente a la crítica negativa y ayuda a desarrollar el optimismo y una visión positiva del futuro.
Apodado “Piedra del dinero”, el citrino permite atraer la riqueza, el éxito y la prosperidad. Acelera la conclusión de los asuntos financieros. Incita a la generosidad y a compartir, permitiendo al mismo tiempo preservar la propia fortuna.
Purificación y recarga del citrino
Tus cristales deben limpiarse con regularidad. Si compruebas que tu citrino pierde su brillo, ha llegado el momento de purificarlo y de eliminar el exceso de energía almacenada. De lo contrario, perdería su eficacia.
El método más sencillo consiste en desempolvarlo suavemente con un paño suave y colocarlo en un pequeño recipiente, preferiblemente de vidrio o de barro, lleno de agua del grifo o de agua de manantial. Puedes dejar el citrino en remojo toda una noche o dejarlo bajo un chorro de agua corriente durante 10/15 min. Si tienes varios cristales que purificar, prepara recipientes individuales y no reutilices nunca la misma agua.
Para recargarlo, deja secar el citrino de forma natural; podrás ponerlo al sol, pero brevemente, ya que los rayos UV apagan los colores. Para una recarga sin riesgo, exponlo a los rayos de la luna o al suave sol de la mañana.
Existen otros métodos más largos y menos fáciles de llevar a cabo, como por ejemplo el enterramiento durante varias semanas en la tierra. Si eliges este medio, ten cuidado entonces de señalar bien el lugar exacto y ¡asegúrate de tener otro citrino a tu disposición!

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