La palabra litoterapia viene de los términos griegos “lithos” (piedra) y “therapeia” (cura). Designa el arte de curar con las piedras. Ahora bien, si el origen etimológico de la palabra litoterapia es fácil de rastrear, no ocurre lo mismo con los orígenes históricos de este arte, cuyas raíces se pierden en el fondo de los tiempos. Piedras y cristales acompañan a la humanidad desde la primera herramienta fabricada por la mano del hombre, y siguen presentes en las tecnologías más recientes…
Los orígenes prehistóricos de la litoterapia
La humanidad y sus antepasados usan las piedras desde hace al menos tres millones de años. En los yacimientos arqueológicos, la presencia de artefactos demuestra con certeza que nuestros lejanos antepasados australopitecos trabajaban la piedra para hacer herramientas. Más cerca de nosotros, los hombres prehistóricos habitaban las cuevas y vivían así, a diario, bajo la protección del reino mineral.
La historia del uso de las piedras como instrumentos de cuidado es demasiado antigua para reconstruirla con certeza. Aun así, sabemos que entre el 15000 y el 5000 antes de nuestra era los hombres de las cavernas manejaban las piedras en todos los actos de su vida cotidiana. La piedra se «llevaba como amuleto, se trabajaba en estatuillas, se erigía en templos megalíticos: menhires, dólmenes, crómlechs… En ellos se invocaba fuerza, fecundidad… La litoterapia ya había nacido. (Le guide des pierres de soins, de Reynald Boschiero)»
2000 años de historia de la litoterapia
En la Antigüedad, aztecas, mayas e incas esculpen la piedra en estatuas, estatuillas y joyas. En Egipto se organizan la simbología de los colores de las piedras y el arte de colocarlas sobre el cuerpo. En China, en la India, en Grecia, en la Roma antigua y en el imperio otomano, entre los hebreos y los etruscos, se levantan templos y estatuas, se fabrican joyas engastadas con gemas y se usan las piedras por sus virtudes físicas y psicológicas.
Durante el primer milenio, la simbología de las piedras se enriquece muchísimo. Tanto en Occidente como en China, la India, Japón, América, África o Australia, el saber de las piedras y el arte de la litoterapia se desarrollan. Los alquimistas buscan la piedra filosofal, los chinos usan las propiedades del jade en medicina, los indios codifican las propiedades de las gemas y los jóvenes brahmanes son iniciados en el simbolismo mineral. En las tribus nómadas de varios continentes, las piedras sirven de objeto de relación entre el hombre y lo divino.
A lo largo del segundo milenio, los conocimientos se afinan. El abate Haüy descubre en el siglo XVIII los siete sistemas cristalinos. Las piedras se usan en medicina, sobre todo en forma de polvos y elixires. La litoterapia (que aún no lleva ese nombre) se suma a las disciplinas científicas medicinales. Después, empujados por el progreso de las ciencias, damos la espalda al poder de las piedras. Hay que esperar a la segunda mitad del siglo XX para asistir a un renovado interés por las piedras y sus propiedades.
La litoterapia moderna
El término “litoterapia” aparece en la segunda mitad del siglo XX. El médium Edgar Cayce es el primero en llamar la atención sobre las propiedades curativas de los minerales al hablar del poder de sanación de los cristales (crystal healing). Después, con el empuje de las corrientes de ideas nacidas en los años sesenta y setenta, en particular la New Age, la litoterapia recupera el favor del gran público.
Hoy, cada vez más personas se apasionan por los beneficios de las piedras y desarrollan esta medicina suave como alternativa y complemento de la medicina moderna. Algunos se esfuerzan por explorar todas las capacidades terapéuticas de las piedras y pretenden dar a la litoterapia sus cartas de nobleza, convencidos de que puede aliviarnos y curarnos.
Las piedras y los cristales forman parte además de nuestro día a día de homo technologicus. Cada día se extraen metales y cuerpos químicos de los minerales. El cuarzo está en nuestros relojes y ordenadores, los rubíes generan los láseres… Y las llevamos puestas: diamante, esmeralda, peridoto, granate en joyas… Puede que algún día encontremos en esa misma tecnología los medios para constituir la litoterapia en ciencia. Podremos entonces observar cómo las piedras actúan de forma mecánica sobre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro equilibrio energético.
Hasta entonces, cada cual es libre de formarse su propia idea usando las piedras a diario. Y más importante todavía: cada cual es libre de encontrar en ellas los beneficios que una experiencia milenaria ha sabido sacar a la luz.
Fuentes:
Le guide des pierres de soins, de Reynald Boschiero

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